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Besos de cine

Buenas, como dijo Jack el Destripador, vayamos por partes: lo primero es presentarse. Me llamo Álvaro y, desde hace pocos días, me puedo considerar un nuevo miembro de este equipo ‘E’, en el que, si todo va bien, nos vamos a ver durante mucho tiempo.

Debuto hoy en estas páginas virtuales, con el lujo que da tener la libertad absoluta para hablar de lo que quiera. Y eso es lo que voy a hacer, hablar de dos de las cosas que más me gustan en la vida: el cine… y los besos. Y no por separado, sino juntos. Mezclados. Un dos por uno, vaya.

Un beso, en el cine, es mucho más que un beso. Unas veces el beso es una historia en si misma. Otras veces es un final. Y puede incluso ser un principio. Pero el 100% de las veces, un beso en pantalla grande es algo más que dos labios que se juntan. Y esto en la vida real no pasa siempre porque, aunque nos cueste reconocerlo, a veces damos besos por inercia. No es que sea malo, pero no es lo mismo.

Todos tenemos un beso de cine grabado en la retina: desde el que Clark Gable le dio a Vivien Leigh en ‘Lo que el viento se llevó’, hasta el de DiCaprio y Winslet en la proa del Titanic, antes de que su amor hiciera… aguas. Ninguno de los dos son mis preferidos. Son bonitos, pero demasiado cursis para mi gusto. Y la cursilería es una de las cosas que más nervioso me pone en el cine.

Yo tengo dos besos del séptimo arte que sé que nunca olvidaré. Uno de ellos me gusta por lo que demuestra: un beso puede dar mucho, mucho miedo. Situémonos: ‘El Padrino II’, Michael se acerca a su hermano y le besa mientras le susurra: “Sé que fuiste tú, Fredo. Me rompiste el corazón”. Genial, ¿qué mejor forma de decirle a alguien que sabes que te ha traicionado que con un beso? A mí, no se me ocurre mejor manera. Un beso escalofriante.

El otro es mi preferido, es de los Goonies, una de las películas que marcaron mi infancia. En una cueva, oscura, con una cascada al fondo, la chica de la peli se equivoca y besa por error a un jovencísimo Sean Astin, creyendo que es su hermano mayor. Por aquel entonces, yo tenía más o menos la misma edad que Astin, y fue la primera vez en mi vida que desee que alguien me diera un beso en la boca. Alguien no, ella. La chica de la que ya llevaba enamorado una hora de película más o menos. Y pocas veces he sentido una envidia tan poco sana como la que entonces me dio Astin. Ese beso era para mí, pero se lo dio a él.

Por eso me quedo con este beso cinematográfico por encima de cualquier otro, y me gustaría saber con cuál os quedáis vosotras. Y recordad que hablamos de besos y no de revolcones.

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